Se supone que el invierno es largo y frío en Michigan, y eso me lo han dicho de todas las formas posibles, hasta la señora que me dio la visa asoció inmediatamente este estado con esa estación… lo que no sé si es especial de aquí también es el otoño y sus colores… puede que no, y que sea igual en todas partes pero es algo verdaderamente espectacular. Los colores de las hojas muchas veces parecen nuevas combinaciones de amarillo y blanco, y los contrastes entre éstos y el rojo o el verde fuerte crean imágenes bellísimas a lado y lado de cualquier calle. Tomé fotos y traté de que las imágenes se acercaran a la realidad pero no logré mucho. Es un espectáculo que recomiendo a todos quienes no lo han vivido, y sin duda una buena excusa para venir a conocer este bello paraje de los Estados Unidos. Ya tienen una cama (más grande que la mía) por si deciden venir…
El otoño entra sin que uno lo note mucho, no obstante lo evidente que es cuando uno se da cuenta, y parece que se va con la misma rapidez. Por eso espero aprovechar los dos fines de semana que vienen para disfrutarlo un poco más, ya varios árboles han perdido sus hojas por completo y el clima ha empezado a descender un poco. Sol y frío, que combinación tan fuera de lo común, ya la he sentido un par de veces. El sol está y alumbra igual que siempre pero no parece calentar, mejor dicho no calienta ni poquito. A mis estimados visitantes de hace un par de semanas ya la ciudad les dio una muestra de que tan rápido puede cambiar su temperatura, y sin mucho aviso. Aquí toca mirar de vez en cuando el “Weather Channel” o sufrir las consecuencias de no hacerlo.
Estuve visitando a Pamela en Kingston hace un par de semanas, ciudad donde el otoño también es bonito aunque las construcciones lo muestran un poco diferente. Mucha piedra (limestone), que me hicieron sentir como en un país nórdico, sin saber muy bien porqué si en realidad nunca he estado en uno. La universidad (Queens) es diferente, un poco más cerrada pero con construcciones muy pero muy bonitas, con un ambiente universitario multicultural muy de mí agrado, y un lago grande y bonito donde pasar los días calientes viendo el horizonte. Con cuidado, eso sí, porque donde los agarre el viento hay que estar preparados… nuestro almuerzo campestre se transformó en un ventarrón helado en cuestión de segundos!
La zona donde ella vive es estudiantil y bastante más animada que la mía, los estudiantes de pregrado verdaderam
ente saben lo duro que se pone después… y se desquitan todos los días por adelantado. Toronto apenas lo pasé de camino, tocará visitarlo más adelante porque inmediatamente causa una impresión favorable. Me encanta mi pueblo de Ann Arbor, pero cuando uno pasa, así sea un par de minutos, por una ciudad grande se acuerda de lo rico que es vivir en ellas y las mil cosas que tienen…
Los dejo con los colores del otoño, como les digo las fotos no son ni sombra de lo que son en vivo pero es tan cerca como puedo ponerlos… pondré más fotos de esto hacia delante, que vivan los días entre tantos matices!




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