Saturday, January 14, 2006

Golpes del destino


El semestre pasado comenzó en blanco y se fue tiñendo de matices poco a poco. Los tonos rojizos y amarillos del otoño, y luego el blanco intenso del invierno llenaron mis días de alegría y tranquilidad. Fue un semestre de música y bicicleta, de ardillas y ángeles de nieve.

El 2006, en cambio, comienza con un lienzo ya trabajado, lleno de trazos profundos y figuras bosquejadas con anterioridad: después de una operación que dejó comprometida su movilidad y conciencia, mi papá fue diagnosticado con un complicado tumor en el cerebro. Sin previo aviso y en cuestión de semanas, mi “bonita familia”, como dijo algún día un amigo mío, está montada en esta montaña rusa para la que no estaba preparada, llena de vueltas dobles y largos vacíos.

Por eso el año comienza lleno de colores, del color de la vida cuando asoma la muerte, que se exhibe cuándo y cómo le da la gana. De color se llenarán los meses que siguen, y cuando así no parezca tendré lista la paleta para hacerlo manualmente, ya que pueden ser los últimos de mi viejo y unos muy importantes para todos… Seis meses de estudio entre invierno y primavera se convirtieron de repente en días de ocio y lectura en mi ciudad madre, en semanas para volver a estar con mis amigos y más que todo con mi familia. La bicicleta ya está empacada, mi cuarto y mis pocos chiros entre las maletas: a finales de la semana entrante estaré volviendo a Bogotá. Gracias a la vida por este lujo que puedo darme.

Por otro lado, hoy murió Benito Valdivieso, mi abuelo, quien a sus noventa y tantos años seguía habitando su casa de la calle 34. De él guardo con cariño una carta de hace poco más de un mes, que será testigo de que la muerte lo sorprendió cansado pero despierto, aún preguntándose sobre lo que tenía alrededor. Murió en Bucaramanga, su tierra, el 14 de enero de 2006: gracias y buena suerte.

Por él, por mi papá, y por mi mamá, que ha mostrado fuerza y coraje sin igual, por ellos brindo y sonrio tranquilo esta noche. Por los recuerdos de buenos tiempos que pasaron y por los buenos momentos que vendrán. Por la vida y por la muerte, porque son dos caras de una misma realidad. Porque la vida puede hacer con uno lo que se le antoja, pero uno siempre podrá hacer lo que le de la gana en respuesta. Con eso me basta.

El blog seguirá entonces, como sigue la vida, pero ahora desde la ciudad que está 2600 más cerca de las estrellas. Todavía no es 15, siguiendo el post de Casabianca, así que feliz año y un abrazo para todos.

1 comment:

Anonymous said...

Creo que yo también debo hacer mi aporte a su historia, ahora más que nunca me doy cuenta que nuestro camino tiene las mismas paradas.

Empieza el 2006 y estamos juntos, espero que siempre sea así.

Él empezó una retirada lenta, eso dice mi mamá..no sé si exista algún refrán que diga que una retirada lenta es de caballeros o algo así, ¿será?
Creo que en este caso sí lo es. No podía dejarnos de un día para otro, él no es así; tenía que darnos tiempo para acostumbrarnos a la idea de su retirada. Sin embargo, creo que no me acostumbro, al revés, me apego más a su presencia todos los días... no me quiero despedir todavía, en serio que no.

Ese caballero no quiere alistar su caballo, no le ha puesto la silla y su equipaje aún no está listo. Sé que algún día seré yo misma quien ensille el caballo, le empaque algunas cosas y le dé un gran beso de despedida; pero sería mentira decir que ya le tengo la puerta abierta y el avío para el camino... creo que debo luchar hasta el final y mi lucha será para que ese caballero se pueda ir sin herradura, sin escudo... sólo se monte en su caballo y no mire hacía atrás porque sabe que su verdadero camino a penas comienza.