Monday, November 28, 2005

Blanco


Después de varias infructuosas danzas de la lluvia, de fallidas oraciones y sacrificios a todo tipo de demonios, dioses y semidioses, y de además irme más cerca al polo... por fin cayó nieve sobre mi cabeza! Espectacular, bien valió la espera y el frío de todos estos días.

Algunas sorpresas un poco tontas: no sabía que caía de forma súbita (no se oscurece el cielo ni nada por el estilo –el único paralelo que tengo-), sólo comienza a caer de un momento para otro; sorprende también la forma silenciosa en que cae, puede nevar toda la noche y sólo se da uno cuenta en la mañana al abrir la ventana y ver todos los techos y jardines blancos; también se me habían olvidado las formas de los copos, que se ven claros cuando la nieve pega contra los guantes y son bastante bonitas.

Caminar mientras cae no es un problema mientras se esté bien equipado, pero con buen viento, como el de Kingston que fue donde me sorprendieron los primeros cuatro o cinco centímetros de nieve, es difícil tener todo cubierto de forma suficiente. Tocó comprar boticas (el tenis puma no aguanta), y los guantes, la bufanda y el gorro no perdonan ninguna salida. Con razón me decían que esas cosas no se pierden, es que no hay forma de que a uno se le olviden.


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