Sunday, January 28, 2007

Conversaciones en un bus Greyhound

Por estos días están de moda los términos offshoring y outsourcing. Por Colombia es posible que suenen poco por el momento, pero aquí en Estados Unidos están en las noticias todos los días. Offshoring, como dirían acá in a nutshell (en pocas palabras) describe un fenómeno laboral que se está viendo en los últimos años en USA y UK: con la aparición del Internet y los avances en comunicaciones miles de puestos y procesos están siendo trasladados de estos países a otros donde la “mano de obra” es más barata: India, China, Brasil, Filipinas…

Esto ya se había visto anteriormente, cuando se cerraron fábricas enteras y se trasladaron a México y China (de ahí el tradicional “Made in China”), pero lo nuevo de este fenómeno es que está afectando a un segundo estrato de trabajadores: ingenieros de sistemas, contadores, abogados, desarrolladores de software y en general a profesionales. A diferencia de lo sucedido antes, además, sucede muy rápido porque no se necesita construir plantas ni trasladar maquinaria. Algunas cuentas, un par de memorandos, y 800 desempleados de un lado son empleados al otro lado del océano.

Este fenómeno tiene feliz a los indios que ven como crece su industria y contrariado al gringo promedio cuyo trabajo está en riesgo. Los economistas, en su mayoría, responden que aunque algunos pocos sufrirán y tendrán que buscar otro trabajo, para la economía en general es bueno porque las empresas tendrán mayores ganancias y los productos para el público en general serán más baratos. Claro, el asunto es polémico pero ese no es el caso aquí: volvamos al bus de Greyhound.

Volviendo de mis vacaciones, en el último trayecto que conecta Detroit con Ann Arbor, se sentó al lado mío un sonriente habitante de Detroit. Conversando me enteré que iba para un pueblo en el estado de Wisconsin, por lo que 15 horas lo separaban de su destino. Iba para una segunda entrevista de trabajo, pues aunque había estado allí una semana antes apenas volvió a su casa recibió una nueva llamada: querían volver a entrevistarlo.

Hasta hace poco más de tres meses trabajaba en Detroit, en servicio al cliente resolviendo dudas por teléfono. Un call center de alguna empresa relacionada con sistemas. Pero por cosas de este fenómeno del offshoring su unidad había sido cerrada: en alguna parte de India harían el trabajo por una fracción de lo que a él le pagaban. Aunque su sonrisa nunca desapareció del todo, su tono cambió un poco cuando me dijo que su esposa y su hija de cuatro meses se quedaban en casa de sus padres, en Detroit, esperándolo. Por algún tiempo, no sabía bien cuantos meses pues él esperaba que le dieran el trabajo en esta segunda entrevista y llevaba lo necesario para quedarse allá por el momento. La cosa estaba complicada y en Detroit no había trabajo para los ingenieros de sistemas.

Aunque sus argumentos sobre la mala formación de los empleados en India eran flojos y sesgados, y sus frases nacionalistas perdían todo peso pues él mismo había llegado de Tailandia hace algunos años, fue difícil no empatizar con su situación. Los economistas probablemente tengan razón y en este caso el sufrimiento de uno es la felicidad de otro, pero siempre es duro verle la cara a las cifras de las que algunos pueden hablar con tan lejana frialdad.

PS: Las fotos corresponden al ice storm de hace un par de semanas. Bonito!

2 comments:

N.Santamaría said...

Me suena mucho a predicciones usando un modelo "Wonderland" (por los supuestos que usualmente tienen).

Anonymous said...

Ser algo objetivos para intentar sacar bocetos de una realidad, es algo que le enseñan a los economistas. Si no es para hacer modelos, es mas bonito y fácil y sincero, dejarse llevar por las ideas que uno se inclina (subjetivismo)