Hay alegrías que son difíciles de compartir, pero con las tristezas la situación se complica aún más. Hace poco más de 10 años, en un fin de semana como cualquier otro, cuatro camaradas hablaban de todo y nada al calor de una botella de Inca Pisco. Ninguno de los cuatro sabía nada de este trago, que se tomaban a “pico de botella” en un barrio llamado entonces “El Tirol”. El trago les ganó la velada y tratando de terminarla quedaron entre enfermos y borrachos. Pero fue una noche memorable para todos.
Cuesta trabajo pensar que así es la vida, aunque yo sepa repetir esa frase con la misma facilidad que lo hace el “vendedor de bastante mandarinas” con la suya. Cuesta, por más que sé que a todos nos llegará la hora y que sé que hay millones de muertes similares todos los días. Cuesta saber que no lo volveré a ver ni podré hablar nunca más con él; que ni siquiera pude estar para despedirlo; que hablé con él dos días antes y nunca me imaginé lo que venía. Cuesta no saber cómo consolar a una familia que entiende aún menos, y cuesta no saber como decirles lo mucho que lo siento. Cuesta reconocer, entender y aceptar que así es la vida pero ver que igual duele. Cuesta saber que nunca se podrá llorar lo suficiente a un gran amigo.
PS: No sé muchos detalles sobre su muerte, no soportó el tratamiento para la leucemia que le acababa de reaparecer.

1 comment:
Juancho un abrazo fuerte desde Montreal. Siento mucho lo de Joaco, su alegria y desparpajo siempre los recordare.
Carlos.
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