Monday, May 14, 2007

Cómo se llora a un gran amigo?


Hay alegrías que son difíciles de compartir, pero con las tristezas la situación se complica aún más. Hace poco más de 10 años, en un fin de semana como cualquier otro, cuatro camaradas hablaban de todo y nada al calor de una botella de Inca Pisco. Ninguno de los cuatro sabía nada de este trago, que se tomaban a “pico de botella” en un barrio llamado entonces “El Tirol”. El trago les ganó la velada y tratando de terminarla quedaron entre enfermos y borrachos. Pero fue una noche memorable para todos.

Uno de ellos murió hace un par de años. Por más que años después nos alejamos, la muerte de Armando fue difícil de digerir pues compartí con él muchos momentos. Fue la primera vez que la muerte se veía tan cerca, y lo hacía llevándose a alguien que no tenía ni siquiera 30 años. La semana pasada, sin embargo, y aunque en circunstancias muy diferentes, la muerte volvió para llevarse a otro de este mismo grupo. En este caso se llevó a un amigo aún más cercano, a quién quise como a muy pocos.

Cuesta trabajo pensar que así es la vida, aunque yo sepa repetir esa frase con la misma facilidad que lo hace el “vendedor de bastante mandarinas” con la suya. Cuesta, por más que sé que a todos nos llegará la hora y que sé que hay millones de muertes similares todos los días. Cuesta saber que no lo volveré a ver ni podré hablar nunca más con él; que ni siquiera pude estar para despedirlo; que hablé con él dos días antes y nunca me imaginé lo que venía. Cuesta no saber cómo consolar a una familia que entiende aún menos, y cuesta no saber como decirles lo mucho que lo siento. Cuesta reconocer, entender y aceptar que así es la vida pero ver que igual duele. Cuesta saber que nunca se podrá llorar lo suficiente a un gran amigo.

Podría haber escogido cualquier otro de los muchos momentos que compartimos, pero al recordar éste me impresionó que dos de los que estuvieron aquella vez hayan partido ya. Para Joaco, mi amigo del alma: buen viaje mi hermano querido. Lo quise y lo quiero mucho. Lo llevo conmigo. Para su familia, que es como una segunda familia para mi, mis deseos son de mucha tranquilidad para aceptar lo inexplicable. Para todos, compañeros de viaje, comparto con ustedes esto pues es una oportunidad más para que miremos a la muerte de frente, nos familiaricemos más de cerca con su rostro y reconozcamos con los ojos bien abiertos su otra cara que es la vida.

PS: No sé muchos detalles sobre su muerte, no soportó el tratamiento para la leucemia que le acababa de reaparecer.

1 comment:

Anonymous said...

Juancho un abrazo fuerte desde Montreal. Siento mucho lo de Joaco, su alegria y desparpajo siempre los recordare.

Carlos.