Monday, June 18, 2007

La Sultana del Norte


La semana que apenas terminó fue mi tercera en la tierra de los regiomontanos, en la llamada sultana del norte de México: Monterrey. Ciudad de contrastes, cómo me imagino Latinoamérica completa, donde riqueza y miseria conviven de cerca pero sin mucho mirarse. Me trae aquí el azar y un intento de disfrazarme de investigador social por un par de meses, disfraz que todavía me cuesta adecuar a mis estrechas medidas. Como no todo el día puedo estar cosiendo y tinturando, en todo caso, aprovecho un descanso para darles unas primeras impresiones de esta industrial metrópoli:

Veinte minutos separan el aeropuerto del barrio antiguo, veinte minutos en que la mirada recorre con algo de ansiedad una ciudad que recuerda Sogamoso para llegar a una versión pequeña y desteñida de la Candelaria. Con menor esplendor que el barrio colonial de Bogotá, el barrio antiguo tiene sin embargo su encanto después de la llegada y es además zona de todo tipo de rumba, cuna de todos los antros que tiene la ciudad.

Cerca de ahí está el centro de la ciudad, que se parece a cualquier otro centro, un poco cochino y feo pero con mucha vida. Lo atraviesa un conjunto de parques y edificios públicos, la Macroplaza, y un paseo peatonal donde se encuentra el tradicional embolador, el vendedor de perros recién nacidos,
y en la tarde los payasos. Está también por estos lados el Paseo de Santa Lucía y el Museo de Historia Mexicana. Y los puestos de tacos, claro; y de gorditas, flautas, enchiladas, y aguas de flor de jamaica o tamarindo.

Después de dar una vuelta por el centro caminando y tomar algunos buses por los alrededores, sin embargo, no se entiende donde está todo el desarrollo industria
l de Monterrey. Hasta que se sale de la ciudad. Un túnel de unos doscientos metros separa Monterrey de San Pedro, pero son diez segundos que parecen en avión porque separan dos mundos que poco parecen tener en común. Las avenidas se llenan de almacenes de marca y grandes centros comerciales, y en medio de una vía rodeada de árboles se distingue una pista especial para trotadores. Gimnasios, restaurantes, buses con aire acondicionado, grandes edificios de apartamentos, BMWs, Volvos, Corvettes… hasta la gente se estira y los chatos indígenas dejan de verse. Sí, ahí es donde está todo el billete…

Monterrey es supuestamente una de las ciudades más seguras de Latinoamérica, prueba de lo cual es que la gente cuida las mesas en los restaurantes dejando las llaves del carro y la billetera. Los carros permanecen estacionados en las aceras, y poco o nada se ven vigilantes o personas cuidando carros o casas. Pero el ambiente está caliente últimamente, los muertos son de todos los días y los diarios recuerdan las épocas de policías muertos por decenas en Medellín: la guerra contra las mafias ha comenzado.

La música norteña, el rodeo y los corridos, la lucha libre, las aguas de colores… “Aguas, aguas”, me extendí demasiado. Ya habrá tiempo después para contarles sobre esto con más detalle. Por el momento me despido “con su permiso”. “Propio”, me responden, y yo miro sin entender… que onda estos pinches güeys!

PS: Las fotos son del Museo de Historia Mexicana y del Paseo de Santa Lucía (que está todavía en construcción)

3 comments:

RadDoc said...

Que bueno que pueda viajar a esas tierras, desde aquí digo salud mientras me tomo un agua de jamaica sorbiendo a través de un popote!
-JD

Anonymous said...

Que pedo Rito? Y ya sabes hacer el cambio de naifa, cabron?

Juancho excelente potpourri de olores y sabores el que nos llega con tu descripcion.

Carlos.

Unknown said...

JuanCa, allá vive chepito. Quiere que le de sus datos?